Me acuerdo perfecto: Yo tenía 13 años y estaba viendo No te rindas Salomé en RCN cuando interrumpió una emisión extraordinaria de Último Minuto con la noticia del atentado al club El Nogal. Me acuerdo incluso de la musiquita: tun tun tun tun tururururun. Las imágenes llegaron como ráfagas pero quedaron estáticas para siempre en la memoria de esa parte del cuerpo que sirve para soportar vivir en el país en el que uno nació. En el noticiero contaron que los vecinos del sector habían puesto colchones en el piso al rededor del edificio para que quienes estaban adentro pudieran saltar y huir de las llamas hacia el piso: No era poca la valentía que les estaban pidiendo y sin embargo se veían las siluetas en la noche saltar. Los carros incendiados en el parqueadero; me acuerdo perfecto. Los señores de traje con el pelo pintado de blanco y de polvo, corriendo de la sangre que les caía encima como queriendo huir de sí mismos, como queriendo salirse de sus propios cuerpos y correr a otro país, a otro continente, a otro universo si era posible. Pero en el mismo plano, en el de los vivos.
Esa vez, aún con lo alejada que podía estar de todo eso sentada en el borde de la cama de mis papás, fue la primera vez que le dí algo a la guerra. Yo le dí el miedo y con él, el poder de decidir por mi. La verdad es que me salió barato. Me puedo hacer una idea de mi buenaventura cuando veo lo barato que yo, desde mi posición privilegiada, he sacado el conflicto.Pero no ha sido igual para muchos. El conflicto ha sido caro, lleva 54 años saliendo caro, y no sólo por los 27.7 billones anuales en el presupuesto nacional, sino por toda clase de bienes materiales e inmateriales que los ciudadanos del común, pero sobretodo las víctimas, le han ido pagado en un gota gota incalculable.
Con el acuerdo que se firmó el 16 de Septiembre, ví a las víctimas (a un grupo significativo de ellas) diciendole SÍ a la paz, a pesar de todo, y me pareció más absurda que nunca esa oposición de sofá. Cuando se proclamó el cese all fuego bilateral, yo no sentí la diferencia. Por la mañana fui a trabajar como siempre, y en la tarde volví a mi casa como siempre. ¿Ven la importancia de escuchar a las víctimas? Ellas sí escucharon ese silencio y quizás por primera vez en mucho tiempo, pudieron ir a trabajar como debió ser siempre y pudieron volver a casa, como debió ser siempre. Después de las víctimas no hay nadie. Si las víctimas dicen que SÍ nosotros tenemos que hacer coro con ellas, nada más. No es el momento de pensar en nosotros, es el momento -si no es que todos los son, o deberían ser- de pensar en TODOS nosotros. En Colombia hoy no sólo se ratifica la paz sino que nace un pensamiento colectivo que no habíamos conocido antes, que nos deja la sensación de que juntos podemos tener logros palpables, de que no somos un país de mierda, de que ese imaginario de Colombia como un país que se queda corto es parte del pasado.
Durante décadas a la guerra en Colombia se le han dado toda clase de bienes materiales e inmateriales. Le han dado infancias y casas de campo, hijos, hermanos, animales y millones de navidades. Le han dado la libertad de vivir sin drogas y frases infinitas desde "buenas noches" y "feliz cumpleaños" hasta "eres lo mejor que tengo en mi vida". Todo eso que debieron haberle dado a la vida en vida, se lo dierion a la guerra en la muerte. Es que ha sido tanto lo que le hemos dado a la guerra, en alma y en cuerpo, que estuvimos rozando el límite de quedarnos sin nada más para entregar. Pero gracias a doña Mechas hoy tenemos una oportunidad para dejar de alimentar ese monstruo grande que pisa fuerte, como diría Mercedes (otra Mercedes); y convertir la guerra en un recuerdo para la memoria histórica de este país. Pero no es un recuerdo de esos para olvidar, no es una tusa adolescente ni una mala hora en una sala de espera. La guerra es un recuerdo que hay que mantener presente para aprender, tal y como hacen los niños cuando se queman o como hacemos todos con las lecciones más importantes que han traído consigo los arrepentimientos más insoportables de nuestra vida íntima. O como Alemania, que toda ella es un monumento a la promesa de la 'No Repetición', que sigue aprendiendo que a la guerra hay que dejarla morir pero al recuerdo no.
No olvidar todo lo que ha pasado es la base para construir sobre los restos de nuestro propio dolor histórico la certeza de nunca tener que vivirlo de nuevo.
"La paz no es utopía, es un derecho legítimo de cada ser humano". A partir de hoy los colombianos empezamos a ejercer ese derecho. #SiALaPaz
Ventitreañera
Friday, April 21, 2017
Thursday, April 21, 2016
Abril 21
Ayer compré una maleta y le puse tu nombre. La llamé como tú para no perderla de vista, para extrañarla rápido y reconocerla entre la gente con los detalles que sólo yo noto.Ya sabes, las marcas que hacen que no me lleve un día otra maleta por equivocación, y tenga que detener a un extraño en en la puerta que se ha confundido, porque no se dió cuenta que la maleta que lleva tenía ese raspón en las ruedas que le hice cuando la bajé a golpes por las escaleras.
Mi maleta se llama igual que tú porque pareciera no llevar nada valioso, pero adentro va contenida mi vida, empacada como un rollito. Mi vida, como un rollito también está adentro tuyo. Está empacada entre amar las cosas que amas y mirar lo que ves, está en alimentarme de lo que comes tú, en aprender lo que estudias tú, en el rojizo que me queda en la piel cuando el sol te pega.
Ayer compré una maleta, y ayer también, decidí que te quiero y ese es un peso que desde entonces no me he podido quitar.
Mi maleta se llama igual que tú porque pareciera no llevar nada valioso, pero adentro va contenida mi vida, empacada como un rollito. Mi vida, como un rollito también está adentro tuyo. Está empacada entre amar las cosas que amas y mirar lo que ves, está en alimentarme de lo que comes tú, en aprender lo que estudias tú, en el rojizo que me queda en la piel cuando el sol te pega.
Ayer compré una maleta, y ayer también, decidí que te quiero y ese es un peso que desde entonces no me he podido quitar.
Thursday, March 24, 2016
Huecos
"Está completa? Está completa?" - Pregunta la mamá exhausta en la sala de partos. Entre chillidos y ritmos cardiacos, un papá bigotudo y nervioso cuenta 10 dedos en las manos, 10 en los pies, dos orejas y 91.240 cabellos.
De alguna forma todos nacemos enteros y nos agujereamos más adelante como un colador. Hasta que algún día a todos se nos ocurre la idea absurda de que el amor y solamente el amor, puede llenar esos agujeros y dejarnos tan completos como cuando papá le contaba los dedos y terminaba la cuenta con una sonrisa.
Papá sonríe y mamá hace lo mismo apenas lo ve.
Había nacido completa. Entera había llegado a llenar el mundo.
Entonces, ¿de donde venían esos huecos que se encontró más adelante cuando en los recuentos que le hacían los demás era imposible decir que estaba completa?
Estaba llena de ausencias. Había quedado incompleta después de llenar al mundo.
De alguna forma todos nacemos enteros y nos agujereamos más adelante como un colador. Hasta que algún día a todos se nos ocurre la idea absurda de que el amor y solamente el amor, puede llenar esos agujeros y dejarnos tan completos como cuando papá le contaba los dedos y terminaba la cuenta con una sonrisa.
Hay algo más para decir. El amor que llena los huecos de los que estamos hechos no es el que recibimos, no es el café que nos hacen por la mañana, ni el abrazo por la espalda del enamorado que sorprende, ni la canción que le escuchas cantar. El único amor que llena las ausencias de las que estamos deshechos es el que se entrega. Es el café que haces, el abrazo que das, es la canción que cantas.
Tuesday, August 11, 2015
¿Me guarda el puesto?
Había llegado a las
oficinas de Catastro faltando 15 minutos para las 7 de la mañana, como de
costumbre. Se tomó un tinto negro azabache pero lo despertó más el quemón que
la cafeína. Hizo la fila como siempre, como un experto, y vendió el primer
turno antes de lo esperado. Don Joaquín iba vestido de traje azul oscuro,
sweater abotonado, y una boina escocesa de su colección especial. Llevaba el bigote cortado milimétricamente y pero con las canas espolvoreadas y repartidas entre la selva sin ninguna rigurosidad, como si estuvieran allí por accidente. Pero no era así. Se paraba
erguido y con las manos atadas detrás de la espalda, para no cansarse y durar
hasta el cierre. Un joven que por lo menos tendría unos 50 años menos que él,
le preguntó si le podía guardar el puesto mientras iba por una fotocopia que había olvidado sacar. –“De acuerdo, pero le vale $1.200 pesos”. –“¿Me va a cobrar
por cuidarme el puesto?”, -“No es cualquier cosa joven, yo soy el mejor para eso y le garantizo que a su puesto no le va a pasar nada”. – “Pero
señor, es un puesto, ¿Qué le va a pasar?”. – “JA! Si usted supiera, hasta las
peores cosas." - Dijo Don Joaquín reacio a dar más explicaciones, pero consciente de que no tendría más remedio que hacerlo porque el joven tenía ojos ávidos y un silencio terco de esos que sacan información con la incomodidad a dos manos. Así que Don Joaquin, mirando al piso le agarró el brazo como lo hacen todos los viejos que han perdido mucho: con imperiosa necesidad. Se le acercó al oído y le dijo en un susurro: "Cuando estaba haciendo la fila en el cielo yo también me fui a sacar
una fotocopia que me faltaba. Y cuando volví ya me habían resucitado”.
Monday, August 3, 2015
Autoescribirse para hacerse entender
Estoy aquí hoy, para decirte que te perdono todo. Te perdono realmente, como un tablero que se borra profundo y no deja ver qué hubo antes, porque el antes ya no importa. Ya te perdoné.
No importa quién fuiste, ni qué hiciste, ni qué me hiciste a mí. Ya te perdoné todo, los golpes, los pensamientos crueles, los arañazos, las palabras dolorosas, las borré de mi tablero para siempre.
Mírame a los ojos, de verde a verde y entiende que mi amor por ti dicta mi capacidad para perdonarte. Y si te vuelves a equivocar, mi amor me permitirá perdonarte de nuevo. Perdonarte hasta el infinito. Porque si yo no te perdono, tu no existes más y un mundo donde tú no estás, no es un buen mundo, y no lograría ser jamás el lugar maravilloso que podría ser con tu par de pies, grandes pies, sobre la tierra. Con este perdón que recuerda sin rabias ni angustias, qué fue lo que perdonó, nos vamos a ir a un paraíso, donde sonreiremos desde adentro porque habernos conocido fue lo mejor que nos pudo pasar en la vida.
Estoy aquí hoy para decirme que me perdono todo, que me perdono las palabras más horribles que me he dicho en el silencio y que aunque sé que tengo los pies grandes, los amo y ese amor es el que me permite estar aquí, perdonándome. Me voy a ir vivir conmigo a un paraíso, y voy a sonreír porque sabré que haber nacido en esta piel fue lo mejor que me pudo pasar en la vida. Aunque me vuelva a equivocar mañana, me volveré a perdonar mientras viva, y si me muero también me lo perdono. Así de grande es el amor que me siento, que hasta morirme soy capaz de perdonarme.
Wednesday, July 29, 2015
De abajo para arriba
“Señora,
ahora por favor mire al frente y dígame qué letras ve, de abajo para arriba” –
Dijo el hombre de bata blanca que se paraba a su lado. Ella pronunció cada una
de las letras de la última fila con voz terciopelada, y él recorrió con la
mirada el trayecto de las sílabas que salían de una boca tan bella que merecía
ser un ojo. La señora que había ido a hacerse las gafas por quinta vez, fue
leyendo de abajo para arriba, en el sentido en el que crecían las letras, pero
increíblemente cada vez las leía con mayor dificultad. En la punta superior de
la pirámide se leía una única letra, la más grande, y ella no pudo decirle al
doctor cuál era. “No veo nada Doctor ¿qué pasó?”- Dijo la señora consternada y
ciega. -“Le escribí que la quiero, pero no hay lente lo suficientemente grande
para hacerle entender cuánto, si usted simplemente no quiere saber”. Nunca
mandó a hacer las gafas, ese día él se volvió los ojos con los que ella vería
el mundo para siempre.
Monday, July 13, 2015
Lo dificil, todo
Desde hace un par de semanas que lloro y cuando lo hago se me aparece una masa detrás de la garganta que se siente como una pepa de aguacate. En realidad es una pepa de aguacate hecha de aire, de un aire pesado y macizo como una pepa de aguacate. Se desparraman los ojos como dos hidrantes estrellados y la gente pasa, así como cuando se abren los hidrantes en las calles y lo miran y piensan "qué desperdicio" pero no llaman a los bomberos porque alguien más seguro ya los llamó y están en camino. Cuando se trata de los demás, la ayuda ajena siempre está en camino.
Desde hace un par de semanas que pienso en metáforas de aguacates e hidrantes y pienso también que tengo que pensar en cosas felices para hacer metáforas felices. Pero hasta lo evidente se me vuelve un algortimo complejo que no puedo decifrar cuando estoy así, y no puedo pensar en nada feliz aunque me lluevan sonrisas y sueños cumplidos. Lo más notable se vuelve indivisible, lo natural se torna aberrante y lo fácil ahora sólo es difícil. Algo tan simple como tomar una ducha es un esfuerzo porque me toca bajar los piés de la cama, prender las luces y abrir la llave mientras me desvisto y me siento la piel tibia como la sangre que fluye. Entonces me miro al espejo mientras me suelto la moña que me aprieta con fuerza el cabello y me alarga la cejas, y me digo con la voz que me sale por encima de la pepa de aguacate "Solo tienes que sobrevivir a este día. Sólo a este día y ya." A ese día lo recorto en pedazos más pequeños como si yo fuera mi propio bebe que necesita que le muelan la comida y le den la vida como si fuera una papilla desabrida y fácil de tragar. "Solo tienes que pasar esta hora. Son 60 minutos y no más". Y luego hago lo mismo con el siquiete pedazo.
La espantosa evidencia de que lo más fácil e inverosimil de la vida puede ser irrealizable de un momento a otro gracias a los maleficios de la mente, es una fuente de desesperanza primordial aún dentro de la felicidad.
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